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La Matutina Digital
Un conquistador encontrado por Dios
Por: Jefferson Carlos Negrete - Ecuador
Nahúm 1:7
Bueno es el Señor; es refugio en el día de la angustia y conoce a los que en él confían.
Todo empezó en la etapa de colegio cuando dos profesores de Sistemas nos enseñaron un proyecto llamado NeoPathfinder, que consistía en el crecimiento físico, mental y espiritual de niños y jóvenes de 10 años en adelante. A mis compañeros y a mí nos encantó el proyecto porque hablaban de viajes, campamentos, actividades recreativas al aire libre y de la palabra de Dios.
Entonces empezamos a asistir al Club; todos los domingos, en el Colegio, nos reuníamos más de 100 jóvenes y era espectacular. En aquella época yo estaba en malos caminos y me dedicaba a delinquir con otro amigo. Mientras hacía eso, mi director me daba los estudios bíblicos, oraba conmigo, me enseñaba el camino de Dios y se convirtió en mi confidente.
El último robo que hice con mi compañero de fechorías se lo hicimos a un hombre elegante, a quien le sustrajimos sus pertenencias: celular, dinero en efectivo y un Rolex. El populacho alcanzó a agarrar a mi compañero y casi lo matan, yo pude escapar. Estaba con mucho miedo, hasta que llegó el sábado y fui a la iglesia.
Resultó ser que al hombre que le robamos era el Diácono de la iglesia. Entonces me desanimé; ya no quería ir al Club ni a la iglesia, pero mi director nunca me dejó. Al contrario, me decía: Vamos, yo estaré contigo, no pasará nada. Posteriormente me bauticé.
Todo el Club estuvo conmigo, mi director allí al lado, y el Diácono a quien le robamos me dijo: Bienvenido a la casa de Dios, es tu iglesia.
Entonces empezamos a asistir al Club; todos los domingos, en el Colegio, nos reuníamos más de 100 jóvenes y era espectacular. En aquella época yo estaba en malos caminos y me dedicaba a delinquir con otro amigo. Mientras hacía eso, mi director me daba los estudios bíblicos, oraba conmigo, me enseñaba el camino de Dios y se convirtió en mi confidente.
El último robo que hice con mi compañero de fechorías se lo hicimos a un hombre elegante, a quien le sustrajimos sus pertenencias: celular, dinero en efectivo y un Rolex. El populacho alcanzó a agarrar a mi compañero y casi lo matan, yo pude escapar. Estaba con mucho miedo, hasta que llegó el sábado y fui a la iglesia.
Resultó ser que al hombre que le robamos era el Diácono de la iglesia. Entonces me desanimé; ya no quería ir al Club ni a la iglesia, pero mi director nunca me dejó. Al contrario, me decía: Vamos, yo estaré contigo, no pasará nada. Posteriormente me bauticé.
Todo el Club estuvo conmigo, mi director allí al lado, y el Diácono a quien le robamos me dijo: Bienvenido a la casa de Dios, es tu iglesia.
Dios siempre tiene un propósito contigo, a pesar de las cosas malas que pasen en tu vida, Dios te espera con los brazos abiertos.
Comentarios (2)
Tremendo testimonio de transformaciòn de un hijo de Dios...)
Muy buen testimonio amigo...
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