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La Matutina Digital
Puentes, no muros
Por: Christian Zambrano Funes - Ecuador
Santiago 1:22
No seáis solamente oidores de la palabra, sino también hacedores; de otra manera os engañáis a vosotros mismos.
Pienso en los jóvenes de hoy, en sus rostros, en sus dudas y sus anhelos. Me pregunto: ¿por qué muchos se alejan de los espacios de la Iglesia? En mi interior siento una mezcla de tristeza y entendimiento.
Muchos buscan autenticidad, no palabras vacías ni tradiciones que ya no tienen sentido para su vida. Viven en un mundo conectado, lleno de preguntas sobre justicia, identidad y propósito, y a veces no encuentran en la Iglesia espacios donde puedan hablar de ello con libertad.
Algunos se han sentido juzgados por su forma de ser, sus sueños o sus dudas. Otros no encuentran cómo la fe se vincula con sus realidades cotidianas: estudios, trabajo, relaciones, desafíos del mundo moderno.
Pero también sé que Dios no los ha abandonado. Los jóvenes buscan lo mismo que buscamos todos: amor verdadero, un propósito que valga la pena y una comunidad donde pertenezcan.
Quizá la Iglesia a veces ha olvidado escuchar más que hablar, acompañar más que corregir, adaptarse sin perder la esencia del Evangelio.
Es momento de que, si no lo hemos hecho, abramos los ojos con la responsabilidad de ser puentes, no muros, entre los jóvenes y el amor de Dios.
Muchos buscan autenticidad, no palabras vacías ni tradiciones que ya no tienen sentido para su vida. Viven en un mundo conectado, lleno de preguntas sobre justicia, identidad y propósito, y a veces no encuentran en la Iglesia espacios donde puedan hablar de ello con libertad.
Algunos se han sentido juzgados por su forma de ser, sus sueños o sus dudas. Otros no encuentran cómo la fe se vincula con sus realidades cotidianas: estudios, trabajo, relaciones, desafíos del mundo moderno.
Pero también sé que Dios no los ha abandonado. Los jóvenes buscan lo mismo que buscamos todos: amor verdadero, un propósito que valga la pena y una comunidad donde pertenezcan.
Quizá la Iglesia a veces ha olvidado escuchar más que hablar, acompañar más que corregir, adaptarse sin perder la esencia del Evangelio.
Es momento de que, si no lo hemos hecho, abramos los ojos con la responsabilidad de ser puentes, no muros, entre los jóvenes y el amor de Dios.
Oremos para ser la iglesia que los jóvenes necesitan: auténtica, acogedora y llena de su amor. Y, recordemos siempre que nadie está tan lejos que no pueda ser alcanzado.
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