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La Matutina Digital
El llamado de Dios en medio del dolor
Por: Adriana Paredes - Ecuador
Isaías 43:2
Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.
Cuando cuento esta historia, a veces las lágrimas regresan a mis ojos. Han pasado años, pero aún recuerdo aquellos días de mi infancia cuando asistía a la iglesia junto a mis hermanas. Tenía nueve años cuando decidí bautizarme, pero al cumplir los once comenzamos a alejarnos de la congregación.
No recuerdo exactamente cómo sucedió; simplemente, un día dejamos de ir. La vida continuaba y todo parecía estar bien, hasta que mi madre perdió su trabajo y, pocos días después, enfermó gravemente. Yo era solo una niña y no entendía lo que pasaba. Recuerdo que ella pidió que la lleváramos al hospital y, al despedirse, dijo que quizá no regresaría.
Dios tuvo misericordia y ella volvió con vida, aunque con mucho dolor y un largo proceso de recuperación. En medio de esa prueba, una amiga muy querida nos visitó e invitó nuevamente a la iglesia. Al ver a mi madre al borde de la muerte, entendí la fragilidad de la vida y supe que debía regresar a Dios. En ese momento no comprendía la enfermedad de mi madre, pero hoy agradezco a Dios por esa prueba, porque quizá nunca habría vuelto a sus caminos.
Han pasado 17 años y sigo firme en la fe. Dios ha bendecido a mi familia y mi madre sigue a mi lado. Al mirarla, sé que Dios la usó para llamarme nuevamente. Fue una prueba difícil, pero necesaria. Queridos amigos, no sé qué prueba estén viviendo hoy, pero Dios permite las pruebas para que nos aferremos más a Él. Dios nos llama en medio del dolor.
No recuerdo exactamente cómo sucedió; simplemente, un día dejamos de ir. La vida continuaba y todo parecía estar bien, hasta que mi madre perdió su trabajo y, pocos días después, enfermó gravemente. Yo era solo una niña y no entendía lo que pasaba. Recuerdo que ella pidió que la lleváramos al hospital y, al despedirse, dijo que quizá no regresaría.
Dios tuvo misericordia y ella volvió con vida, aunque con mucho dolor y un largo proceso de recuperación. En medio de esa prueba, una amiga muy querida nos visitó e invitó nuevamente a la iglesia. Al ver a mi madre al borde de la muerte, entendí la fragilidad de la vida y supe que debía regresar a Dios. En ese momento no comprendía la enfermedad de mi madre, pero hoy agradezco a Dios por esa prueba, porque quizá nunca habría vuelto a sus caminos.
Han pasado 17 años y sigo firme en la fe. Dios ha bendecido a mi familia y mi madre sigue a mi lado. Al mirarla, sé que Dios la usó para llamarme nuevamente. Fue una prueba difícil, pero necesaria. Queridos amigos, no sé qué prueba estén viviendo hoy, pero Dios permite las pruebas para que nos aferremos más a Él. Dios nos llama en medio del dolor.
Aun en medio del dolor, Dios nos busca con amor infinito y nos llama suavemente a regresar, confiados, a los brazos que nunca dejaron de esperarnos.
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